Educación para la Muerte
“Mi práctica es la de vivir de tal manera que no tenga nada de lo que arrepentirme en el momento de la muerte”. Milarepa (yoghi y poeta tibetano).
Todos nosotros pasamos a lo largo de nuestras vidas por múltiples situaciones, algunas de las cuales nos marcan hondamente y, si observamos bien, hay tantos y diversos detalles que parecen que en una vivimos múltiples existencias. La vida es una oportunidad maravillosa y, si la vivimos desde la lucidez y la conciencia, podemos hacer que esté llena de sentido y significado, haciendo que nuestra existencia sea beneficiosa para nosotros y nuestros semejantes. “Que nada humano te sea ajeno e indiferente“, enseñaba sabiamente Terencio.
Si comprendemos la fugacidad de las cosas, si aprendemos a mirar profundamente, veremos que hay dos principios básicos a tener presente: que todo es impermanente e interdependiente a un tiempo. Esa comprensión nos libera de todo apego o rechazo y nos ayuda a actuar con ecuanimidad, comprensión, conciencia, respeto y libertad. Al hacerlo así, nos sentimos por fin libres y podremos vivir y acompañar a otros en el proceso de vivir mejor y más auténticamente. Asimismo nos faculta para estar dispuestos a partir en cualquier momento y para acompañar a otros en estas circunstancias. La vida merece ser vivida y podemos hacer de ella una verdadera obra de arte. Séneca decía que aprender a morir es dejar de ser esclavo y hay en esta afirmación algo que resulta evidente, pues educar para la muerte es educar para la vida y nos ayudará a vivir con más sentido y plenitud.








